Antes que nada aclarar que desde este espacio no pretendemos imponerle una opinión ya fabricada y establecida a nadie, sería más fácil, pero no es lo que buscamos. Todo lo contrario, queremos que cada uno pueda reflexionar, dudar, y principalmente criticar, que siempre es necesario para construir una visión más acertada de la realidad.
Es que justamente a lo que se ha dedicado la escuela como institución desde hace siglos (tal como lo planeó Sarmiento) es
no a pensar, sino a decirnos y programarnos para que pensemos como ellos.
El hecho es que hoy estamos acá supuestamente para homenajear a uno de los tantos próceres que nos vendieron los gobernantes del siglo pasado, y en el cuál siguen invirtiendo los actuales. Invierten en medidas superficiales como obligarnos a cantar el himno, ese que por suerte pocos recordamos, o que ni intentamos recordar. Pero también, lo más preocupante de todo, es que invierten en ideologías oxidadas y condenadas por la historia argentina para seguir la línea política que siempre se sostuvo desde arriba, y se combatió desde abajo,
la combatimos desde abajo.
Y nos lo venden con muy buena publicidad. Siempre mostrando la misma cara de la moneda, porque no les conviene que se vean las dos.
Quedemosno con el Sarmiento fundador de escuelas, auspiciante de la cultura, el que le enseñó a leer y escribir a todo el país (país de la aristocracia porque si se le acercaba un pobre, no dudaba en clavarle el lápiz en el cuello). Ese es más glorioso y honrado sin par.
No les conviene decir que Sarmiento era más racista que Hitler a la hora de referirse a los gauchos y comunidades aborígenes del país. Es decir, a todo aquel que no compartiera su cultura, a no tragarse el discurso de que como él era de la alta sociedad que trataba de imitar a Europa, era mejor que el resto o era una cultura superior. Era simplemente diferente, pero el precio que él le puso a esa diferencia era la muerte, y la cobraba “sin economizar sangre de gaucho”.
Si nos referimos a las ideologías como las mismas, es porque
no nos resulta una coincidencia, por un lado, el hecho de masacrar indios y facilitarle las riquezas nacionales a las compañias extranjeras; con la decisión de recortarle becas (la plata de todos) a los pibes que más lo necesitan a costas de aumentar millonariamente el presupuesto para la educación privada.
Son modelos de país, son el
mismo modelo de país, un país para pocos, el que se perpetúa a través de los siglos, el que nos lo imponen o el que creemos haber elegido,
que no da igual.
La diferencia es que si creemos haberlo elegido, y no estamos de acuerdo, y nos golpea la injusticia, la mentira, y la ignorancia (el peor enemigo de todos) es ahí cuando tenemos que demostrar lo que somos, lo que valemos, y lo que elegimos.
Porque así es como se construye la democracia, pensando, porque si no pensamos no existe tal democracia, es una etiqueta, una etiqueta linda, pero no más que eso. Así que aprovechemos el presente que tenemos para hacernos escuchar y respetar, un presente que es muy distinto al de 100 años atrás y al de tan sólo treinta años atrás. Sabemos como era antes y a costa de qué y de cuántos se consiguieron las libertades que tenemos ahora.
Hoy estamos acá juzgando a Sarmiento en un acto en una escuela pública, lo que representa un lujo y una victoria.
Y por todo esto pelear cara a cara, marcha a marcha, toma a toma, o como sea, con quién corresponda, sea un dinosaurio o un ministro.
Luchar por lo nuestro como estudiantes, como gauchos, como indios, como pueblo y como historia.